Productividad negativa

La Comisión Nacional de Productividad (CNP) elaboró un informe sobre la industria minera, en el cual se muestra una dura realidad para un país en el cual solamente el cobre representa un 40% de las exportaciones; la más productiva de las minas chilenas, es un 30% menos eficiente que el promedio de las faenas mineras internacionales exitosas, y además nos hacemos cada vez menos eficientes. 

Considerando todas las industrias, nuestro nivel de productividad es menos de la mitad que en los países desarrollados, lo que representa una oportunidad de crecimiento que lamentablemente no estamos atendiendo. Nuestro nivel de productividad lleva dos años seguidos disminuyendo; 0,5% en 2015, y en 2016, el declarado “Año de la Productividad” por la Presidenta Bachelet, tuvimos una variación negativa de entre 0,5 y 1% según la CNP. Mientras tanto, la productividad en Estados Unidos crece 1% anual.

La creación de la CNP, dos años atrás, se basó en que “la productividad no solo acelera el crecimiento, sino que también incide directamente en la equidad, al permitir un acceso a mejores condiciones laborales y favorecer la movilidad social”. Los beneficios de mejorar la productividad son transversales; empleos de mejor calidad y salarios más altos, productos de mejor calidad a un menor precio, mayor eficiencia y rentabilidad para las empresas y la utilización más sustentable de nuestros recursos naturales.

Para mejorar nuestra baja productividad, la CNP sugiere que el rol del Estado ha de centrarse más en promover y acelerar, que en regular y fiscalizar, ya que detectaron problemas de coherencia regulatoria; exceso de leyes, permisos duplicados, impuestos excesivos y normas superpuestas.

El 2016, en vez de ser Año de la Productividad, fue el segundo año consecutivo con productividad negativa; el país debe revertir esta situación cuanto antes, considerando que la productividad tiene un efecto acumulativo, y que sus resultados se reflejan tanto en el corto como en el largo plazo.

Un buen comienzo sería cambiar la naturaleza de la CNP, para convertirlo en un órgano realmente autónomo y técnico, con facultades e iniciativa fiscalizadora y propositiva, vinculada tanto con el sector público como el sector privado, con miembros seleccionados por alta dirección pública, en vez de ser designados por el Presidente. Una CNP que emule al organismo equivalente de Australia, que es reconocido por la OCDE como el que mejor entidad pro productividad del mundo, tal como RN propone para el próximo Gobierno.

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